Cuando alguien está planeando seriamente montar un negocio en Internet, está obligado a formular la pregunta clave: ¿de dónde van a salir mis ingresos? Dicho en otras palabras: ¿dónde está el dinero aquí? Es la pregunta del millón. La explosión de la burbuja tecnológica puso fin a un período febril, y por lo demás muy corto, en el que cualquier negocio “tenía valor” por el sólo hecho de estar en Internet. Después llegó el pánico. Hoy las cosas se han calmado un poco, y se han abierto nuevos caminos. Vamos a analizar cuáles son las fuentes de ingreso posibles:

Hay que estar ahí…

En realidad, esta opción no da dinero, pero hay que mencionarla, porque lo de “hay que estar ahí” sigue siendo un clásico, sobre todo en los negocios pequeños y familiares:

“Vamos a montar una página web para que los clientes vean que la tenemos y no piensen que vivimos en la Edad de Piedra. Así, aunque sea, pueden encontrar el mapa de nuestra oficina, nuestros teléfonos y nuestras direcciones de correo electrónico.”

Cuantificar el valor de esta “presencia web” es complicado. Seguro que no es mucho y, desde luego, no genera ningún ingreso directo. Pero hoy en día construir una página web “testimonial” y tener un dominio y un espacio en un servidor es tan barato, que seguro que compensa el esfuerzo. Aunque sea para colgar los datos que figuran en una simple tarjeta comercial…

Extender el negocio que ya funciona offline

Esta es quizá la opción más conocida y más sencilla de visualizar: si tú vendes camisetas en las tiendas tradicionales, puedes extender el alcance de tu negocio llevándolo a la Red. En los primeros años del “Fenómeno Internet”, construir una tienda online era un inversión compleja y costosísima. Había que pensárselo muy bien antes de acometer un proyecto de esa envergadura, con sus desarrollos, sus licencias, sus pasarelas de pago…

Afortunadamente, hoy existen opciones de comercio electŕonico sencillas y muy económicas, aptas incluso para el comercio minorista, como por ejemplo Oscommerce. Gracias al código Opensource, al descenso continuo del coste de almacenamiento y al surgimiento de nuevos lenguajes mucho más ágiles (tipo Ruby on Rails), el precio de los desarrollos ha bajado sensiblemente también para los que tienen en mente proyectos más ambiciosos.

Vender un producto en Internet

En el caso de los productos, las cosas están claras: normalmente, tienes que ser capaz de vender a un precio muy competitivo para que los usuarios te tengan en cuenta. La otra opción es que distribuyas productos de difícil acceso, que normalmente el usuario no puede encontrar por otros canales. Es complicado competir con las grandes del sector, que han hecho desembarcos millonarios, y también con las empresas tradicionales, que ya tienen toda su estructura offline bien dispuesta, y lo único que necesitan es trasladarla a la Red.

La ventaja de una compañía online puede estar en el ahorro de costes, ya que no tiene por qué replicar la red de distribución de una empresa tradicional. Uno de los caminos -por lo demás, nada sencillo- consiste en saltarse a los intermediarios. Así, gracias a tiendas como ecocaja los agricultores pueden llevar sus productos hasta los usuario de un sólo salto. Mejor para ambos, ¿no?

Ecocaja

Intermediación

Hemos acabado el párrafo anterior hablando de saltarse a los intermediarios. Pues bien, ahora le damos la vuelta. Uno de los negocios más desarrollados en Internet es el de la intermediación: portales -muy frecuentemente buscadores verticales- que ponen en contacto al usuario con los vendedores. Lo más normal es que el intermediario cobre un pequeño tanto por ciento o una comisión por cada usuario al que “redirige” hacia el vendedor. Están muy extendidos, por ejemplo, los buscadores de vuelos, viajes, etc.

Vender servicios

El caso de los servicios es bastante especial, y merece un capítulo aparte. Conviene plantearse una pregunta de partida: ¿Vas a ser capaz de cobrar a tus usuarios por tus servicios? Piénsatelo bien, porque no siempre resulta sencillo. Estamos en lo que algunos llaman era de las “Freeconomics”, o economía de lo gratis. Pocas veces la gente está dispuesta a pagar si puede obtenerlo gratis. Un ejemplo claro fue el del diario El País, que optó por una edición digital de pago y tuvo que retractarse debido al empuje de la competencia, que siguió ofreciendo la información de manera gratuita. Pero hay muchos más. Ahora Google ofrece a sus usuarios un servicio de correo con espacio casi ilimitado e incluso varias herramientas de gestión. Muchos programas opensource están disponibles para la comunidad sin coste alguno. Hay miles de ejemplos.

Freemium, ese extraño cóctel entre Free y Premium

La solución ha venido, muchas veces, por un camino intermedio, una mezcla entre un servicio gratuito y uno Premium, en el que se añade algún elemento de valor. Según el ámbito puede consistir en un acceso a la hemeroteca, espacio ilimitado en el servidor, versión avanzada del programa de gestión, etc. Te recomiendo la lectura de este interesante post sobre Freeconomics: Economía de lo GRATIS: 6 modelos de negocio por 0 euros.

Colaboración social

Es evidente que la colaboración de los usuarios genera conocimiento, productos y servicios de gran valor. Pero, ¿cabe obtener dinero del esfuerzo gratuito de la comunidad? Proyectos de referencia como la Wikipedia se han construido gracias al trabajo, sin ánimo de lucro, de miles de personas. Para canalizarlo y hacerlo posible, se han creado fundaciones que se financian con las donaciones de compañías, instituciones públicas y particulares.

Las empresas que se dedican al desarrollo de aplicaciones Opensource (de código abierto) han adoptado algunos modelos de negocio bastante creativos. Dado que, normalmente, la versión básica de su producto es gratuita, obtienen los ingresos por versiones más completas, por servicios de soporte y consultoría, o incluso por cursos de formación. Hay que decir que no todo el mundo aprueba esta “vertiente comercial” de lo que en un principio nació como software libre, realizado por y para la comunidad.

CONTINUARÁ… Mañana la segunda entrega (II): publicidad, patrocinio, redes sociales y más.

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