oneswarmEste tipo de cosas son las que ocurren cuando intentas parar lo imparable: han bastado algunas insinuaciones de que la industria discográfica podría pactar con proveedores de acceso de contenidos para monitorizar lo que pasa por sus redes, para que un grupo de investigadores de la Universidad de Washington hayan desarrollado OneSwarm, un cliente P2P para el navegador que combina los protocolos de BitTorrent para descarga con las técnicas utilizadas en las darknets para preservar la privacidad de los miembros de la red, tales como cifrado completo de las transmisiones utilizando SSL, reescritura de las direcciones de origen, o descarga desde múltiples fuentes y rutas (fuente: Slashdot).

El resultado es un cliente P2P en el que pueden especificarse redes de personas conocidas (F2F, o Friend-to-Friend data sharing) y decidir en cada momento con quién se quiere compartir qué cosa, pero preservando tanto las identidades de origen y destino, como la naturaleza de lo transmitido. Si de por sí había poca luz en las actividades de descarga, con OneSwarm se van a volver completamente oscuras: todo cifrado, todo descentralizado, y todo muy sencillo, funcionando desde la comodidad del navegador y con soporte de protocolos de transcoding para poder previsualizar sin salir del navegador lo que nos estamos descargando (ver vídeos en la página principal de la aplicación). Y por supuesto, todo código abierto. Descárgatelo, está disponible para Windows, Linux y Mac, y tal y como se están poniendo las cosas, es muy posible que lo necesites.

Estaba claro que íbamos en esta dirección. Este tipo de programas muestra hacia dónde va ineludiblemente la red cuando se intenta regular en contra de la naturaleza de sus protocolos. OneSwarm es aún una beta (no la uses si lo que transmites requiere un cifrado a toda prueba), pero marca claramente el signo de los tiempos: ante una red completamente cifrada en la que todo ocurre sin posibilidad de monitorización de contenidos ni de clientes implicados, la única alternativa es intentar evaluar los patrones de uso, un argumento completamente vacío que no puede sustentar ningún tipo de conducta punitiva (los patrones de tráfico pueden deberse al intercambio de materiales de todo tipo, o incluso simularse para ofuscar la supervisión). Que siga la presión. Como decíamos ayer citando al ex-presidente de la IFPI, “nunca nadie ha ganado una batalla luchando contra las nuevas tecnologías”.


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